Montse Badia

Sobre Falsestuff y otros híbridos

BONART N184 noviembre, diciembre 2018, enero 2019

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Referencias, deudas, homenajes, citas, copias, plagios, remixes, cut-and-paste… La cultura siempre es fruto de mezclas, reescrituras, contaminaciones y actualizaciones. Las ideas aparecen y vuelven a aparecer una y otra vez en el tiempo. Cambian los contextos y las circunstancias y, con ellas, las lecturas e interpretaciones.

De todo ello va Falsestuff, la obra teatral, escrita, dirigida e interpretada (entre otros) por el tándem Nao Albet / Marcel Borràs y presentada en el Festival Grec del pasado verano. A partir de la idea de falsedad y autenticidad en arte/teatro se habla de la fina línea que separa la cita, del homenaje y el plagio y de la complejidad del concepto de autoría: la idea de Roland Barthes de que un texto no pertenece a su autor, sino a la cultura y a los lectores. En un juego de formatos y un ritmo de vértigo, Falsestuff no es una obra de teatro al uso. De hecho, son varias obras en una. Es teatro centroeuropeo, es comedia del arte, es Western, es cine mudo, es música, es performance, es coloquio post-función, es concierto, es directo, es Tarantino, es Falstaff y también falsestuff. Es, naturalmente, F for Fake, el documental sobre el fraude y las falsificaciones de Orson Welles.
Explica Pedro Azara (por cierto, comisario del Pabellón Catalán en la próxima edición de la Bienal de Venecia) en el coloquio post-función (en realidad, coloquio teatralizado en el intermedio de la función) que en el pasado se solía hacer copias de los descubrimientos arqueológicos más importantes, y eran esas copias las que se exhibían. En Falsestuff, el protagonista, André Féikiévich es tan metódico en su falsificación de obras de arte, que precisa capturar su esencia para poderlas falsificar. No es extraño que se plantee nuevos retos y pase a la falsificación de obras de teatro. ¿Es posible falsificar obras de teatro? ¿los actores, la compañía, incluso su comportamiento en privado? ¿tiene sentido esta minuciosa reconstrucción? Y de ahí, a la siguiente pregunta hay un paso: ¿tiene sentido el enorme esfuerzo que implica a veces la creación? Si seguimos esta línea de pensamiento pasamos por la “inutilidad” del arte, los esfuerzos improductivos y al “preferiría no hacerlo” de Bartleby y de todos “los artistas del no”…
Trucos, fraude, mentiras. “¿A quién le importan los hechos?” se pregunta Orson Welles en F for Fake. “El arte es una mentira que nos permite ver la verdad”, como decía Picasso, como dice Welles, como dice Féikiévich, como dicen Albet/Borràs.
Es tiempo de repensar formatos. O tenerlos todos presentes y mezclarlos. Es el cut-and-paste de Burroughs y también el de Bowie. Híbridos y transdisciplinariedad como decisión conceptual. Ser libres para poder transitar ideas, formatos y referentes. Ser libres para no tener miedo al peso del pasado y también para no tomarse demasiado en serio.



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