Montse Badia

Pensamiento artístico + pensamiento científico para cambiar el mundo

BONART Núm 187 Agosto- Septiembre - Octubre 2019

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Llevar artistas en un barco hasta una isla remota del Sur del Pacífico para que puedan trabajar con biólogos marinos, especialistas en medio ambiente, cineastas y activistas, en medio de la nada y con materiales insospechados a su alrededor. Este es el proyecto que desarrolla TBA21 Academy, una parte de la Fundación TBA21, de Francesca Thyssen-Bornemisza, que añade a la producción artística, la investigación de esta confluencia arte y ciencia para que el arte sea una parte integral del proceso de pensar críticamente y de buscar soluciones relacionadas con la crisis climática, más en concreto, en relación a la defensa y conservación de los océanos.

La idea de poner a trabajar juntos artistas y científicos no es nueva. A finales de los 60, surgió Experimentos in Arte and Techonology (E.A.T.), una iniciativa sin ánimo de lucro con el fin de desarrollar colaboraciones entre artistas e ingenieros. De este modo, los artistas ampliaban su papel en la sociedad, contribuyendo a explorar los límites de las innovaciones tecnológicas y su impacto en el individuo. John Cage, Robert Rauschenberg y Öyvind Fahlström fueron algunos de los artistas que participaron de este programa, que logró su culmen en el Pabellón de la Pepsi, en la Feria de Osaka del año 1970.

Un ejemplo más reciente lo hemos tenido los últimos meses en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, mostrando diez proyectos artísticos surgidos en el contexto de Art en el CERN, un programa de residencias y producción por artistas en el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) de Ginebra. La exposición Cuántica plantea un tema tan fascinante como inabarcable, porque explora aquello que es invisible, no la realidad que vemos a partir de la información que tenemos sobre ella, sino aquella que abre varias posibilidades de manera simultánea. Cuántica presenta dos itinerarios, uno artístico (con 10 propuestas) y otro científico (como introducción a nueve aspectos derivados de las investigaciones que se hacen en el CERN), que se entrecruzan y se complementan.

Las metodologías artísticas y científicas comparten algunos aspectos. El rigor y la investigación, pero también la intuición y la experimentación son una parte esencial. También comparten una parte menos amable: demasiado a menudo tienden a ser identificados, por parte de la opinión pública, con discursos y lenguajes crípticos e inaccesibles. Un hecho que no deja de ser curioso porque a priori, ambos exploran aspectos cruciales para nuestro presente (¡y futuro!). Quizás esto se relaciona con el hecho que ambas prácticas tienen que ver con el ámbito de la incertidumbre y que la expansión de la investigación es directamente proporcional al número de interrogantes nuevos que se abren.

“Arte y ciencia están inextricablemente vinculados; los dos son formas de explorar la existencia, lo que es ser humano y cuál es nuestro lugar en el universo”, decía hace poco Rolf Hauer, director del CIERNE, “los dos requieren dominio técnico, y los dos intentan explorar los límites del potencial humano”.



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